De periodista a cm : a la caza de la noticia

De golpe y porrazo aunque ya llevo un tiempo intentando sacar este tema a la palestra y con miedo a una negativa pero con algún que otro arranque de valentía que alguna vez me sale ,le he pedido a Amaia López de Munain, periodista,que me cuente su visión sobre la profesión y el social media.
Se lo he pedido a ella intencionadamente y aprovecho este post para darle las gracias, primero por aceptarme en algo tan personal como es su pérfil de facebook, aguantar que me declare su fan  y encima aceptar gustosamente a compartir en mi blog su visión sobre el periodismo, como ella dice de la vieja escuela y la burbuja social media.
He querido que sea ella por su forma de comunicar, sus valores y que no está viciada por las ganas de sumarse a la nueva burbuja, por lo que creo que son motivos más que suficientes para enriquecernos y valorar seriamente su experiencia, así que lo he dejado todo tal cual ella me ha contado, con sus palabras, con sus sentimientos.
Y ya para dejaros con su relato, darle las gracias otra vez por aceptar mi idea , ya que mi blog no es un blog de renombre, lo que confirma que es fiel a  lo que abajo nos cuenta, os dejo con ello y espero os guste.
tarjeta

“Comencé en éste bendito oficio cuando era aún más bendito, y no porque mi entrada en el mundo del periodismo fuese a través de una emisora de radio como la Cope, que lo fué, si no porque comencé hace muchos años, cuando las redacciones no eran tanto el backstage previo al estrellato que es ahora.
Cuando los periodistas aún vivían del mísero sueldo, eso si había suerte y se cobraba, y no de conferencias, libros, y entrevistas personales entre autógrafo y autógrafo.
Cuando el periodismo aún era digno, y los viejos teletipos echaban humo. Trabajé en una redacción donde casi una veintena de redactores nos teníamos que disputar cuatro ordenadores, lo más de lo más en aquella época.
Las informaciones las conseguíamos a pie de calle, en el lugar de la noticia. Los contactos, cuyos nombres figuraban en nuestras agendas como si de un tesoro se tratase, nos informaban por teléfono fijo. Las agendas, la tercera mano del periodista. Nunca nos atrevíamos a consultar la agenda de otro compañero, sería profanar en primer lugar nuestro propio respeto.
Trabajaba en un lugar donde los compañeros regresaban agotados tras un duro dia en la calle, algunas veces exhultantes y con ganas de darle a la tecla para informar de inmediato, otras veces frustrados, pero siempre orgullosos de haberlo intentado, de ser periodistas, en definitiva.
Soy extremadamente reacia al protagonismo farandulero en el que se ha convertido la profesión en los últimos años, y si me centro en el periodismo en zonas de conflicto aún más.
Estamos perdiendo la noción de la esencia del periodismo, y estamos olvidando el contenido de las noticias en detrimento de la fama de quien la firma.
En ocasiones me pregunto qué demonios pensarán muchas de las víctimas de nuestras noticias acerca de nosotros, una vez tienen conocimiento de lo publicado, especialmente en las redes sociales.
Soy usuaria de Facebook, Twitter y otras plataformas, en ocasiones la mejor manera de conocer al enemigo es acercándote a él, y sinceramente estoy aburrida de ver cómo se comentan algunas publicaciones : “buen trabajo”, “eres el mejor”, “te mereces un premio”…siempre son expresiones dirigidas a aquel que ha firmado, muy pocas van dirigidas a la víctima que protagoniza la noticia, al rostro que es portada. Casi nunca son comentarios masticados, digeridos y analizados.
La irrupción de las redes sociales en el periodismo, en mi humilde opinión, ha devaluado el oficio, por ello un día decidí publicar mis trabajos con seudónimo, para que nadie dijese eso de “eres la mejor” o “eres lo peor”, para que aquel que lea la publicación se centre en lo escrito y no en la persona que lo firma.
Hoy en día todo hijo de vecino puede practicar periodismo sin haber pisado la facultad, incluso sin haber pisado un colegio, solo es necesario un teléfono móvil y una conexion a internet, varios “follower” o como diablos se diga y la capacidad de escribir un titular en ciento cuarenta caracteres, no importa si el titular tiene el aspecto de que lo hubiera escrito un seguidor quinceañero de Justin Biever, lo que importa es el número de retwitts o los “me gusta”, dependiendo de la plataforma.
Ni decir tiene que si no tienes ni puñetera idea de quienes son los kurdos, pashtun, o shuníes nadie te lo va a echar en cara, porque a la mayoría les importa un pito lo publicado, y con ello meto en mismo saco a muchos jefes de redacción que tienen en el mapamundi del despacho una chincheta roja señalando Aleppo porque son incapaces de ubicarlo por sí mismos.
Muchos de éstos “profesionales” son los que dan el visto bueno a las informaciones que llegan desde la red, en la mayoría de los casos, sin contrastar la información o sin darle mucha importancia a la fuente. Hay informaciones que directamente vienen de los “media center” que los activistas de turno, dependiendo del conflicto, utilizan para vertir toda aquella noticia que crean correspondiente, o lo que es lo mismo, desde el comentario oído de lejos hasta lo que creen haber entendido.
Los medios de comunicación solo tienen que tener un perfil en una red social, y asunto concluído. Rotativas, cada vez menos, y venta, cada vez menos también. La facilidad con la que se consiguen las noticias ha hecho cada vez más complicado vender un solo periódico. No queríais Internet? Ahí está, para lo bueno y para lo malo.
Ahora el ejercicio consiste en sobrevivir a un periodismo artificial y en saber discernir qué noticias son fiables o no. No sea que nos cuelen mas muertos.
En cada uno de nosotros está la posibilidad de mantener el encanto de éste noble oficio, en dignificarlo y en devolverle la tinta que le ha sido arrebatada. Igual es que ya soy mayor para tanta tecnología, o igual es que a mí me enseñaron otra manera de hacer periodismo”.
Amaia López de Munain
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